Una campaña con agentes de IA atacó más de 1.200 webs y comprometió más de 100
El caso observado por el investigador Snorre Fagerland muestra cómo una sola persona puede delegar horas de búsqueda y explotación de fallos. El alcance de los accesos y la posible extracción de datos siguen sin estar claros.

Unas instrucciones de menos de 100 caracteres en chino bastaron para poner en marcha una campaña contra más de 1.200 sitios web, según el caso observado por Snorre Fagerland, investigador de amenazas de NorForge. El balance recogido en la información de referencia superaba las 100 webs comprometidas: no debe confundirse el número de objetivos con el de intrusiones logradas.
Reuters identificó entre las víctimas páginas vinculadas a Deere, SharkNinja y Cummins. Sin embargo, no pudo determinar cuántos datos, si alguno, se habían extraído sin autorización, y algunas empresas describieron impactos limitados.
Qué cambia con los agentes de IA
La herramienta utilizada, Cairn, no es un sistema diseñado específicamente para atacar, sino una plataforma abierta de resolución de problemas con varios agentes. Estos componentes pueden repartirse tareas, compartir hallazgos y decidir qué probar después sin recibir una orden humana para cada paso.
En uno de los ejemplos documentados por Fagerland, el sistema no encontró una vía de entrada en la aplicación visible de una compañía y pasó a buscar infraestructura relacionada. Localizó un panel accesible desde Internet y siguió probando durante horas hasta que los agentes comunicaron haber conseguido ejecutar comandos en el servidor.
Según el análisis de NorForge, los intentos que alcanzaron su objetivo duraron de media algo menos de 23 horas. La diferencia respecto al trabajo manual es que ese tiempo no exigía una dedicación humana equivalente: una persona podía mantener numerosos intentos en marcha.
Más capacidad, no necesariamente técnicas nuevas
El cambio está en la escala y la continuidad del trabajo, no necesariamente en descubrir formas inéditas de intrusión. La referencia recoge observaciones de Anthropic y Google Threat Intelligence sobre operaciones más autónomas, que pueden seguir aprovechando fallos conocidos, credenciales robadas o servicios expuestos.
Para las organizaciones, esto implica que sus puntos débiles pueden quedar sometidos a búsquedas más persistentes y simultáneas. No demuestra que cualquier agente pueda vulnerar cualquier sistema, pero sí ilustra cómo se reduce la intervención necesaria para encadenar tareas complejas.
La defensa también afecta a las empresas que incorporan agentes a sus propios procesos. Microsoft ha señalado la necesidad de limitar sus permisos y supervisar sus acciones: cuando una IA puede consultar datos, usar herramientas o modificar recursos, un abuso potencial tiene más alcance que una respuesta incorrecta en un chat.