El próximo Renault Megane eléctrico podría llegar a 750 km de autonomía y pasar a propulsión trasera
Renault estudia encajar el futuro Megane en una nueva plataforma eléctrica que prioriza la eficiencia y el espacio interior. Sus prestaciones y fecha de lanzamiento aún no están confirmadas.

Renault estudia una transformación para el próximo Megane eléctrico. El modelo podría adoptar una nueva plataforma con propulsión trasera y beneficiarse de un objetivo de autonomía de hasta 750 kilómetros, aunque todavía no hay una ficha técnica definitiva ni una fecha de lanzamiento para el compacto.
La arquitectura en cuestión es la RG EV Medium 2.0, cuyo primer modelo está previsto para 2028. Renault ya ha confirmado que la utilizará en los futuros Scenic y Rafale, pero sigue estudiando cómo encajar al Megane en esa familia.
Más espacio y una silueta diferente
La plataforma está pensada para coches de entre 4,30 y 4,80 metros de longitud, con 2,85 metros entre ejes. Frente a los 4,20 metros del Megane actual, estas proporciones podrían permitir un habitáculo más espacioso y dar más libertad para definir la carrocería.
Laurens van den Acker, responsable de diseño del grupo, apunta hacia vehículos situados a medio camino entre la altura de un SUV y la de una berlina. Eso no significa que el diseño del nuevo Megane esté decidido: por ahora, su silueta definitiva sigue siendo una incógnita.
En el interior, el prototipo E-Space sirve de referencia para un posible sistema con una pantalla panorámica cerca del parabrisas y otra central para los controles. También se contempla dar más protagonismo a las órdenes de voz, aunque falta por conocer cómo llegará esta propuesta a los coches de producción.
Propulsión trasera y objetivo de 750 kilómetros
La nueva arquitectura apuesta por mover las ruedas traseras. La configuración anunciada con un solo motor ofrece unos 279 CV y 350 Nm, y también se contemplan versiones con tracción total. Renault no ha confirmado cuáles de estas opciones recibiría el Megane.
Para un coche del segmento C, el objetivo de desarrollo descrito por Philippe Brunet, responsable tecnológico de Renault, es combinar una batería LFP de unos 90 kWh con alrededor de 750 kilómetros de autonomía WLTP y un peso inferior a dos toneladas. Es una meta de desarrollo, no una cifra homologada para el futuro Megane.
La batería se integraría en el suelo de la carrocería mediante una solución denominada cell-to-body: en lugar de limitarse a alojarla bajo el coche, se aprovecha como parte de su estructura para ganar espacio y contener el peso.
La plataforma también contempla una arquitectura de 800 voltios para la recarga y una nueva base electrónica. Por ahora no se han detallado las potencias ni los tiempos de carga del futuro Megane, y su precio tampoco se ha anunciado.